La reciente toma de protesta de la nueva presidenta del Comité Ejecutivo Nacional de MORENA, Ariadna Montiel, ha traído consigo un discurso que promete sacudir las estructuras del partido. Entre las promesas de filtros éticos y la necesidad de empoderar a las bases, surgen interrogantes sobre la viabilidad de este nuevo rumbo.
Un avance desde la autocrítica
El discurso pronunciado por la nueva dirigente nacional resulta alentador para las afiliadas y los afiliados —a quienes, en este contexto, resulta más preciso llamar así que "militantes"—. Sus palabras no parecen ser producto de la efervescencia emocional del momento, sino el resultado de un proceso de revisión y análisis profundo sobre lo que se ha realizado y las consecuencias que esto traerá para el futuro de la institución.
Este posicionamiento público representa un avance significativo y proyecta el **golpe de timón** que la vida política interna de MORENA exigía con urgencia.
El freno a los "chapulines" y el dilema de la certeza
Uno de los puntos más destacados de esta nueva etapa es la advertencia directa a quienes aspiran a ser coordinadores de defensa de la transformación: **se exigirá una conducta intachable**. La dirigencia ha mandado el contundente mensaje de que no se tolerará la corrupción y que habrá filtros para evitar que *chapulines*, vividores, demagogos, improvisados y corruptos representen el proyecto. Incluso, se sentenció que un aspirante será descartado por corrupción aunque haya ganado la encuesta.
No obstante, el reto radica en la operatividad del postulado y en una frase específica que deja lugar a la ambigüedad: "*Si tenemos la certeza de que alguien comete un acto de corrupción...*"
Esta condición limita, de facto, el alcance de la promesa. En la práctica política, es indispensable definir:
* ¿Qué criterios exactos se necesitarán para tener esa "certeza"?
* ¿Quién o quiénes conformarán el órgano encargado de definirla?
Por coherencia con la moral de un pueblo que lucha por una vida mejor, es obligación ineludible de la dirigencia nacional hacerse de todos los elementos que permitan determinar quién está fuera de la línea ética. El partido debe tener la capacidad de vetar a estos perfiles de cualquier cargo de representación o dirección, independientemente si existe o no una denuncia judicial de por medio, pues judicializar la conducta indebida es un proceso distinto que le corresponde exclusivamente a las autoridades legales.
Más allá de la maquinaria electoral: el papel de las bases
Aun reconociendo el avance discursivo, existe una deficiencia estructural que debe subsanarse como parte del fortalecimiento de MORENA: **hay que darle vida organizada a las y los simpatizantes**.
El partido no puede permitirse seguir estructurado únicamente bajo una visión electoral. Para consolidar el proyecto de nación que derrotó al régimen neoliberal, necesita operar como una fuerza política viva. Esto implica:
* Organizarlo en cada barrio, colonia, fraccionamiento, núcleo rural, etc., para que sea esa estructura la que tenga facultad de decisión y capacidad de movilización en defensa del proyecto y de la patria. "El horno no está para bollos."
* **Otorgar voz y voto real** en la toma de decisiones internas.
* **Involucrar a las bases** en la determinación de sus dirigentes y representantes populares.
Mientras las afiliadas y los afiliados sigan siendo marginados en la operatividad del partido, MORENA correrá un serio riesgo de existencia a largo plazo. El golpe de timón se ha anunciado en el micrófono; el verdadero desafío será institucionalizar en la práctica.
Pa lante siempre