Adrián García

 

En la arena política, la línea recta es una ilusión. Quienes esperan procesos puros y resultados inmediatos suelen chocar contra una realidad marcada por el zigzag, la incongruencia y, en ocasiones, posturas que rozan lo contrarrevolucionario; sin embargo, el reciente freno a la Reforma Electoral propuesta por la presidenta de México no debe leerse como un acta de defunción, sino como un síntoma de una enfermedad que el movimiento finalmente ha decidido diagnosticar.

La máscara del oportunismo