Lo que en los despachos de Washington se planificó como una "operación relámpago" de apenas 72 horas, se ha transformado, tras varias semanas de fuego, en un recordatorio histórico de las limitaciones del poder imperial. La guerra iniciada por el gobierno norteamericano contra Irán no solo ha fallado en sus objetivos estratégicos iniciales, sino que ha desnudado las grietas de un ejército que se pretendía incuestionable.
El Estrecho de Ormuz: La trampa del desgaste
La estrategia de defensa persa ha sido quirúrgica. Mientras Estados Unidos lanzaba ultimátum de horas para que se abriera el Estrecho de Ormuz, el gobierno de Teherán respondía con una resistencia táctica que ha sometido a las fuerzas invasoras a un desgaste financiero y militar sin precedentes. Ver al gigante del norte ampliar sus propios plazos de forma indefinida es la señal más clara de una parálisis operativa. La prepotencia inicial se ha topado con una realidad geográfica y militar que no admite arrogancia.
Retórica de conveniencia y soberanía
Resulta casi cómico, si no fuera por la tragedia humanitaria, observar los giros diplomáticos de la Casa Blanca. Tras amenazar sistemáticamente a las naciones que se solidarizaron con Cuba, el discurso oficial ha dado un vuelco hacia un humanismo de fachada. Declarar ahora que "permiten" el paso de víveres y combustible porque la isla tiene derecho a la electricidad y la ¡¡calefacción!! (En Cuba, calefacción) es una salida desesperada para ocultar su incapacidad de mantener múltiples frentes de bloqueo activos. Es la admisión de una derrota logística disfrazada de benevolencia.
Un aislamiento evidente
La debilidad del eje Washington-Tel Aviv se manifiesta en dos puntos críticos:
La soledad en la OTAN: El llamado desesperado a sus aliados europeos para sumarse a esta aventura guerrerista ha caído en oídos sordos. Europa, consciente del costo energético y social, ha decidido no hundirse en el barco del Tío Sam.
El abandono de Israel: Mientras Irán responde con misiles a los intereses israelíes en la región, la inacción estadounidense para defender a su principal aliado evidencia que sus recursos y su moral están al límite.
El mito del rescate
Finalmente, el derribo de aeronaves de la US Army y el estrepitoso fracaso en las misiones de búsqueda y rescate de sus pilotos cierran el cuadro de una debacle. A esto agregamos el anuncio de una incursión terrestre que suena más a una amenaza vacía que a una posibilidad real, especialmente ante el creciente número de potencias que han decidido cerrar filas con el pueblo iraní.
La historia nos ha enseñado que ningún imperio es eterno. En las montañas y costas de Irán, el mundo está siendo testigo de cómo la maquinaria militar más cara del planeta se oxida ante la voluntad de un pueblo que no se dejó doblegar en tres días, y que parece dispuesto a resistir hasta que el invasor decida, finalmente, volver a casa con las manos vacías.
Pa lante siempre.