Monreal y el laberinto oaxaqueño: defensa, venganza y distracción

Monreal y el laberinto oaxaqueño: defensa, venganza y distracción

En la compleja arena política de Oaxaca, donde las lealtades suelen ser tan cambiantes como el viento, la figura de Ricardo Monreal Ávila ha emergido no como un árbitro imparcial, sino como el artífice de una hábil maniobra de distracción. 

El coordinador de la fracción parlamentaria de Morena parece haber encontrado en el conflicto oaxaqueño la tormenta perfecta para matar dos pájaros de un tiro: blindar a un aliado y ajustar viejas cuentas con el Partido del Trabajo (PT).La estrategia de Monreal es clara: desviar la atención del desaseado proceso de la Revocación de Mandato en Oaxaca. 

Lejos de abordar las irregularidades de fondo, el senador ha optado por simplificar la narrativa, reduciendo el conflicto a un pleito entre partidos y enfilando sus baterías contra el  PT, fuerza que hoy impugna el proceso.Esta postura no es gratuita ni inocente. Al culpar al PT de actuar "como oposición", Monreal intenta lavarle la cara al gobernador Salomón Jara Cruz. Busca instalar en el imaginario colectivo la idea de que el conflicto postelectoral es culpa de la intransigencia petista y no consecuencia de las maniobras del ejecutivo estatal, el Comité Estatal de Morena y un IEEPCO que parece haber perdido la brújula de su autonomía. Es, en esencia, un "espaldarazo" político para ocultar que el proceso nació y creció manchado.

Pero hay una segunda lectura, mucho más personal y visceral. Al lanzar el peso de la estructura nacional de Morena contra el PT, Monreal parece estar cobrándose las afrentas de Gerardo Fernández Noroña. No se olvida en los pasillos del Senado aquella acusación directa de Noroña, quien señaló a Monreal de complicidad con "Alito" Moreno para retrasar su desafuero, y de mostrar una tibieza exasperante al permitir que el líder priista reventara la sesión senatorial.Para sus críticos, los hechos recientes parecen confirmar la tesis de Noroña: Monreal opera con una agenda propia, a veces indistinguible de la oposición. Su insistencia en buscar "consenso" para la Reforma Electoral es vista por muchos no como un acto democrático, sino como una táctica dilatoria para disminuir el contenido de la reforma y poner en riesgo la unidad del movimiento si no se cede a sus términos.

No es la primera vez que el monrealismo cierra filas con el gobierno oaxaqueño. Aún está fresco el recuerdo de los diputados federales afines a su grupo que salieron en defensa del gobernador ante la controversia por el despido masivo de trabajadores estatales, avalado por un decreto legislativo local.Sin embargo, más allá de las alianzas cupulares entre Monreal y Jara, la realidad a ras de suelo es otra. La cuestión de la Revocación de Mandato en Oaxaca ha trascendido la burocracia para convertirse en un tema de dignidad entre el pueblo y sus gobernantes.

Es cierto, y hay que decirlo con todas sus letras: las dirigencias estatal y nacional del PT carecen de la autoridad moral para erigirse en paladines contra la corrupción y el nepotismo; su actuación destila un innegable tufo electoral y oportunista. No obstante, en esta coyuntura específica, la impugnación que encabezan resulta una acción necesaria para visibilizar los excesos del poder.

En este contexto, Ricardo Monreal puede intentar reescribir la historia de lo que sucede en Oaxaca como una simple disputa partidista, pero los hechos sugieren que estamos ante una operación política de gran calado: proteger a los propios, golpear a los incómodos y, de paso, asegurar su propia vigencia en el tablero nacional.

Pa' Lante siempre.

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