Visión Política / La herida abierta del DIF Oaxaca / Por: Fernando Cruz López

Visión Política / La herida abierta del DIF Oaxaca / Por: Fernando Cruz López
Visión Política
La herida abierta del DIF Oaxaca
Por: Fernando Cruz López

En Oaxaca, la palabra “corrupción” dejó de ser un fantasma para convertirse en un huésped incómodo que reaparece donde menos debería. Hoy, las miradas se dirigen al DIF Oaxaca, una institución cuya esencia es la nobleza: atender a la niñez, a las personas con discapacidad, a los adultos mayores y a las familias en situación de vulnerabilidad. Es decir, a los sectores que más necesitan del cuidado y la solidaridad del Estado.

Por eso la presunta malversación de más de mil 200 millones de pesos en sus cuentas no es un simple escándalo financiero. Es una herida moral que pone en entredicho la vocación de servicio de una dependencia creada para proteger y no para saquear.

No se trata de un ajuste de cuentas político ni de una exageración mediática. Los números hablan y los vacíos de justificación en el gasto también. Lo que está en juego no es un recurso abstracto: son medicamentos que no llegaron, apoyos alimentarios que se quedaron en el papel, programas que no tocaron la vida de los más desprotegidos. Cada peso desviado es una carencia multiplicada en las calles, en los hogares más pobres, en las comunidades que siguen esperando justicia social.

Lo más alarmante es la evasión de responsabilidades. En lugar de dar la cara y rendir cuentas, desde el interior del organismo parece haber una estrategia de encubrimiento y simulación administrativa. Como si el quebranto pudiera cubrirse con papeles mal llenados o con discursos vacíos. Pero el silencio solo agranda la sospecha.

Oaxaca merece saber qué ocurrió con esos más de mil 200 millones de pesos, quién autorizó su destino y qué sanciones enfrentarán los responsables. Lo contrario equivaldría a aceptar que en la tierra de Juárez la justicia se administra a conveniencia y que los pobres siguen siendo los últimos en la fila.

El DIF Oaxaca, que debería ser emblema de sensibilidad social, está hoy bajo sospecha. La oportunidad de limpiar su nombre está en manos de las autoridades fiscalizadoras y, sobre todo, en la voluntad política de quienes gobiernan. La pregunta es si habrá valentía para abrir la cloaca o si, una vez más, se optará por correr la cortina y esperar a que el polvo se asiente.

La sociedad oaxaqueña merece una respuesta. El país entero también.

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